29 diciembre 2005
Un ejemplo de comunicación estratégica o de "ciencia y técnica como ideología".
(recomiendo leer primero el hipervínculo.)
A raíz de un artículo del historiador Gonzalo Rojas Sánchez, titulado "Año nuevo, Vida nueva o bien Buenas noticias: Nuevas vidas" y publicado ("posted") en el blog "Alemania: economía, sociedad y derecho" de la abogada Marta Salazar Sánchez, escribí el siguiente "comment" en la sección de comentarios del artículo.
"Las ficciones apoyadas en cierta plausibilidad que otorga la referencia a la investigación demográfica da para todo tipo de elucubraciones (así como las proyecciones de los economistas que no paran de corregirse y ajustarse hasta el día en que acaece lo "pre-dicho") que se prestan finalmente para sostener argumentos estratégicos como el de nuestro malthusiano compatriota investido en el "prólogo" de la más "respetable autoridad" en el ámbito de las afirmaciones acerca de lo que ES y las relaciones de causa/efecto (brillante investigador). Debemos concluir entonces que nuestro país, Chile, se encamina a la catástrofe, ya que no se repondrá la población económicamente activa, desaparecerán los niños de las calles y, más encima, la candidata a la presidencia "Frau Dr. Bachelet" promoverá de algún modo u otro el aborto, por lo tanto, ella nos llevará o arrastrará a través de políticas públicas al cataclismo. En definitiva, el científico desde su púlpito nos sugiere (nos descubre el buen sentido conforme al Derecho natural) lo que DEBE SER el 15 de Enero."
Marta me ha respondido: "Gracias por tu comentario Alberto, pero esto, de maltusiano no tiene nada. Te aconsejo informarte acerca de lo que ocurre en Europa, en el ámbito demográfico. A ver si podemos hablar de catastrofismo. Busca en este blog, [o] en Google, los descriptores (me refiero a las palabras, ¿no?): invierno demográfico, envejecimiento de la población, Laulan, Stürmer y Felderer y después hablamos. Ahora visitaré tu blog y nuevamente gracias por tu comentario."
Sí, estamos de acuerdo que en su contenido no tiene nada de la Teoría de Malthus, incluso se trata de todo lo contrario, pues este economista británico del siglo XIX (1766-1834), en su libro Ensayo sobre el Principio de la Población, en palabras del biólogo Nasif Nahle
"expresó su teoría sobre las poblaciones, diciendo que mientras que las poblaciones crecían en forma logarítmica (geométrica), los recursos naturales para la manutención de esas poblaciones aumentaba en forma aritmética. En este libro, Malthus vaticinaba el colapso de las poblaciones humanas si no se sometían en forma voluntaria a la reducción de la natalidad." (ver fuente)
Sin embargo, su referencia la utilicé para resaltar el vaticinio que nos augura un colapso, y dejar presente que estas predicciones son falibles.
En cuanto al problema netamente demógráfico, sin duda acontece y se agradecen los descriptores que nos permitirán ahondar en el tema. Pero mi crítica apunta a la intencionalidad del autor, al uso estratégico del discurso, a su aparente armazón lógica, a mi sospecha del "se sigue de lo anterior que", del involucramiento interesado, del envoltorio ilusorio acerca de un problema científico de la actualidad y su utilidad encubierta (la de insinuación para tomar una "patriótica" decisión electoral en la actualidad, el 15 de Enero de 2006, las elecciones presidenciales en Chile).
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28 diciembre 2005
Hijos del rigor
(Artículo de opinión escrito por el sociólogo Fernando Villegas para el diario de circulación nacional La Tercera [Chile]; la fecha de edición es 25-12-05.)
Si acaso llegamos a ser algo es sólo siendo hijos del rigor. De lo contrario, si se nos dejó enteramente en manos del principio del placer, inevitablemente caeremos en la inercia, la vagancia, la irrelevancia y la imbecilidad. El cerebro sin entrenamiento se relaja en su atención, se duerme a la primera oportunidad y nos deja ser arrastrados sin resistencia por prejuicios, dogmas y modas. Sin formación lograda a base de esfuerzo nuestro estado de naturaleza no es muy distinto al de los macacos. De hecho y a la primera oportunidad el hombre-masa no entrenado se dedica sólo a dormir, fornicar, comer y defecar. 
Amén de por la necesidad que obliga al trabajo, ese impulso irresistible a la inercia es combatido por la disciplina. Llamamos disciplina al hábito físico y/o mental que en un área determinada de la vida nos lleva automáticamente a ciertos comportamientos regulares y eficaces que suponen esfuerzo y exigencia. Con eso obtenemos resultados superiores. Con eso nos convertimos en seres humanos y dejamos de ser monos. Con eso los individuos y las naciones progresan y obtienen esa forma de felicidad -única posible- que es la satisfacción del trabajo y la obra bien hechos.
Es precisamente lo que alguna vez -aunque muy imperfectamente- tuvimos como nación y que ahora NO tenemos. Al contrario, una generación tras otra de chilenos, de modo creciente, manifiesta y defiende los valores del "let it be". Con la teoría de que debemos ser naturales y espontáneos se ha criado a las nuevas generaciones no a base de la exigencia, sino en un clima de "güena onda" y ofertón de diversiones. No vaya a ser que los niñitos se traumen. "Déjenme el chiquillo en paz", vociferan los padres. "No aplasten su personalidad" advierten los pedagogos de escritorio.
Los adultos jóvenes, también contaminados, se dejan estar. La mediocridad laboral y profesional es la norma, a menudo operando al borde de la torpeza y la negligencia. Más aun, estos adultos acusan a cualquier forma de exigencia -académica, profesional, laboral, etc.- como "fascista", "cavernaria", "resabio de la dictadura", "antidemocrática, "elitista", "represiva", etc. La flojera y la incompetencia, hoy, disponen de doctrina y de código civil. Están por redactarse los Derechos Humanos de los Porros.
Viejos tiempos
Los que crecimos en tiempos menos progresistas tuvimos otra experiencia. ¡Ay del flojo, del dejado! A patadas en el poto se lo sacaba del colegio y se lo mandaba a trabajar. Nada de años sabáticos en el Caribe, de sicopedagogos, de ritalín. Se nos hacía ver desde niñitos que la vida no era chacota; teníamos que sacar las mejores notas, lustrarnos los zapatos, ventilar y hacer la cama, recoger la ropa sucia, ir de compras, obedecer a los mayores, preparar las tareas, memorizar los poemas, escribir caligráficamente, expresarnos correctamente, aprender matemáticas, aprender historia, aprender idiomas, aprender los verbos, leer El Quijote, leer a Manuel Rojas, escribir composiciones, ir a la matiné y volver de las fiestas a las 11 de la noche "a más tardar".
No hablo sólo desde la vereda de mi experiencia personal. Es verdad que en nuestro caso madre Lucy nos enseñó hasta el arte de cómo usar los cubiertos en la mesa. Literalmente mi hermano y yo marchábamos en formación. Los libros estuvieron ahí, a mano, desde nuestros 3-4 años. A los cinco teníamos lapicera fuente. Se suponía que a esa edad no sólo leíamos y escribíamos, sino que que debíamos hacerlo en orden y con claridad.
Pero, grados más o menos, fue la experiencia de toda esa generación, la de los tipos de 50-60 años que hoy manejan las empresas, los ministerios, las profesiones. No deseo siquiera imaginar qué viene después, cuando a estos ancianos los sustituyan los formados en la atmósfera de la indisciplina y el tonteo.
Disciplina
Porque la clave de toda acción exitosa es la disciplina. Las ciencias y artes son, cada una de ellas, "disciplinas". Disciplina, esto es, lo repetimos, comportamiento sostenido bajo elevada exigencia hasta alcanzar la maestría. La maestría y luego, quizás, la genialidad creativa. El genio está al final del esfuerzo, muy al final, no al principio. El genio es esfuerzo en su máxima sublimación, no fantaseo, mariposeo, capricho del minuto, cosa facilona y divertida. Esto último, a lo más, con suerte, puede dar lugar a un chispazo de ingenio, pero al genio jamás.
Catastrófico es entonces que en su versión nacional las ciencias pedagógicas, por diversos caminos, hayan invertido esa simple ecuación. El esfuerzo de memorización, de someterse a disciplinas, de "estudiar materias", de sacarse la cresta, ha parecido y parece banal, innecesario, cavernario, obsoleto, represivo, mala onda. Se lo sustituye con la panacea del "aprender a aprender".
Es como si un padre, en vez de enseñar a su hijo a caminar haciéndolo caminar, pretendiera enseñarle aprender a aprender a caminar. Pero mientras tanto que no camine ni un paso, no se vaya a caer.
Todo esto, tan de cajón, pasó al olvido. Esa fatal mezcla de insensatez con pedantería, producto tan abundante en medios académicos, ha hecho en este, el de las ciencias de la educación, verdaderos estragos. Y los resultados están a la vista.
15:25 Anotado en Crítica | Permalink | Comentarios (6) | Email esto | Tags: fernando, villegas, educación, educacion
20 diciembre 2005
"¿Por qué es usted tan trágica?"
[...]
Con Borges paseábamos por el riachuelo, él me contaba lo que escribía y yo le contaba lo que escribía. Una tarde le hablé de La amortajada y me dijo que ésa era una novela imposible de escribir porque se mezclaba lo realista y lo sobrenatural, pero no le hice caso y seguí escribiendo...
[...]
.....Me pides que hablemos de mi obra, pero para mí resulta una laaata, ¡que hablen los críticos!, además, eso está todo en las entrevistas que se han publicado en los periódicos[...]
.....
Comencé La última niebla mientras Pablo estaba haciendo los poemas de Residencia en la tierra, los dos escribíamos en la cocina de su casa. Recuerdo que un día Pablo me mostró un poema en que tenía la imagen "asustar a una monja con un golpe de oreja", yo la encontré horrorosa, grotesca, y Pablo se enojó mucho. Claro que, en el fondo, eran discusiones amistosas, nos queríamos mucho. Terminé mi novela cuando Pablo ya estaba en España y se la mandé. Yo tenía una carta preciosa en que Pablo me decía: "He hecho una fiesta y ha venido Federico, Aleixandre y todos los amigos y hemos celebrado tu libro". Me decía que yo escribía un mundo que parecía agitado por un agua clara, por un soplo de misterio... (melancólica). Pablo me reprochaba mucho que yo no le diera importancia a lo que había escrito, "Tú no sabes lo que has hecho", me decía, yo no me daba bien cuenta, escribía lo que sentía, pero lo que sí me daba cuenta es que escribía a lo Madame Mérimée, muy lógica. Pero lo demás, yo decía, bueno, es lo que yo siento y nunca creí que iba a tener tanta repercusión, no creí, fíjate. En la novela yo puse la niebla de Santiago porque, mientras ocurría esa tragedia terrible, había mucha niebla en Santiago, pero después yo la poeticé. ¿Ves tú? Era mitad verdad y mitad lo que yo hubiera querido... Después de eso, ya no quise la niebla, de niña siempre me encantó la niebla, ahora la odio, no la puedo soportar.
[...]
Yo creo que lo social en mi literatura siempre ha sido sólo como un trasfondo y no por ignorancia, porque lo leía todo, sabía todo, pero no lo pensaba. A mí me interesaban las cosas personales, pasionales, el arte, ¿comprendes?; el arte social no existía para mí. ¡Eso! Era un total indiferencia, total. Porque tenía pasión por lo personal, por lo íntimo, por el corazón, por la naturaleza y por el misterio. Todo lo que fuera social, oye, eso, no, pasaba por alto porque no me interesaba, ni me apasionaba, ni me indignaba. No existía para mí, porque yo estaba demasiado agarrada con las tragedias personales, el arte y la poesía.
[...]
Para mí, lo más importante ha sido siempre el ritmo porque, aunque me guste una palabra y sea la palabra precisa la rechazo, ¡fuera! si no entra en el ritmo. Por eso tacho mucho cuando escribo...Siempre busco un ritmo que se parezca a una marea, la oración, es una ola que asciende y desciende y luego vuelve a subir... Yo creo que, en el fonde, soy poeta, mi caso es el del poeta que escribe prosa. Yo soy poeta, pero como tengo una educación francesa también soy la lógica personificada.
- Palabras pronunciadas en el Homenaje... el día 29 de Mayo, al cumplirse el cuarto año de su muerte (José Bianco, amigo de María Luisa cuando ella vivió en Buenos Aires, recuerda minucias que la retratan en su vida cotidiana).
"Diciembre 6 de 1938. María Luisa Bombal. Viene a buscarme a Sur. Lo primero que hace es pintarse los labios y se mancha los dientes de rojo. El rojo de los labios acentúa el tinte un poco terroso y enfermizo de su cara. Está vestida con mucha gracia. Lleva un traje azul con un cuellito a la Polaire, azul con lunares blancos, y en vez de sombrero se ha atado a la cabeza una cinta del mismo azul con lunares blancos, que termina en un moño grande aplastado sobre la nuca. La voz es dulce, modulada, y habla un poco entredientes. Las palabrotas y a veces las brutalidades que dice son en ella un refinamiento más. Le pregunto si le ha interesado "Shakespeare en francés", el artículo de Gide aparecido en Sur (Número 50). "¡Qué va! -me contesta-. No me hables de ese puto. Hablemos de personas más divertidas. ¿No lo conoces a Sergio Montt, el secretario de la Embajada de Chile? Es el hombre más cínico que puedas imaginarte. Yo lo adoro...”
- Entrevista, 21 de Abril de 1974 (por Sara Vial)
Estamos en su casa, la casa de su madre, Blanca Anthese de Bombal: Para qué me vas a hacer una entrevista –me reclama- la gente se aburre, no le interesa. Además, Sara, hablamos todos los días... -- Pondré lo que hablamos ahora. A la gente, claro que le interesa.
20:10 Anotado en Literatura | Permalink | Comentarios (1) | Email esto
¿Hay que maraquear de esta manera a la meritocracia?
(En ocasión de mi asistencia a la presentación pública de una excelentísima tesis.)
Hoy asistí a mi universidad a ver la presentación de una tesis para optar al título profesional de sociólogo. La tesis en cuestión estaba calificada con nota 7 y el nombre del profesor guía avalaba la calidad de la obra. Sin embargo, a mi juicio fue un verdadero fraude, ya que nunca el tesista expuso su tesis. Incluso, en la etapa de las preguntas de los asistentes, un profesor le preguntó ¿de qué trata tu tesis?. El aludido respondió a la inexistente pregunta "¿por qué hiciste la tesis?". Más encima su contestación a su autoentrevista fue enigmática, pues era producto de su biografía, y también de años de lectura de Foucault y posteriormente de Luhmann, y porque simplemente su polola estudia Derecho. Lo más vergonzoso, fue que su profesor lo inquirió sobre la pregunta de la "coordinación", y tuvo como respuesta una pachotada fanfarrona: "para mi la coordinación es un dato de la causa, no es un problema, ahí está". Lo bochornoso radica en que aquél excelentísimo "professor" (en alemán) destina un semestre entero a un curso de quinto año en donde la pregunta central es ¿cómo se logra la coordinación social? -o su equivalente- ¿por qué somos como somos? Fue inaudito, interpreté la mirada de este profesor como la de quien está perplejo, y luego creí ver en él furia ante la traición. Por último, si la nota máxima es el siete ¿con qué actitud debo preparar mi tesis? ¿La de relajo? Es decir, si hago un "cut and paste" debo exigir como mínimo un 6.8, pues nuestro connotado tesista empezó con citas, desarrollo su presentación con citas y terminó con unas conclusiones que tampoco le pertenecían. Permítanme señores de la sala y público en general un pequeño exabrupto: ¡Vayan a bañarse!
17:40 Anotado en Crónicas | Permalink | Comentarios (1) | Email esto
18 diciembre 2005
La Poesía (por Vicente Huidobro)
[Fragmento de una conferencia leída en el Ateneo de Madrid, el año 1921]
Aparte de la significación gramatical del lenguaje, hay otra, una significación mágica, que es la única que nos interesa. Uno es el lenguaje objetivo que sirve para nombrar las cosas del mundo sin sacarlas fuera de su calidad de inventario; el otro rompe esa norma convencional y en él las palabras pierden su representación estricta para adquirir otra más profunda y como rodeada de un aura luminosa que debe elevar al lector del plano habitual y envolverlo en una atmósfera encantada.
En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Esa es la palabra que debe descubrir el poeta.
La poesía es el vocablo virgen de todo prejuicio; el verbo creado y creador, la palabra recién nacida. Ella se desarrolla en el alba primera del mundo. Su precisión no consiste en denominar las cosas, sino en no alejarse del alba.
Su vocabulario es infinito porque ella no cree en la certeza de todas sus posibles combinaciones. Y su rol es convertir las probabilidades en certeza. Su valor está marcado por la distancia que va de lo que vemos a lo que imaginamos. Para ella no hay pasado ni futuro.
El poeta crea fuera del mundo que existe el que debiera existir. Yo tengo derecho a querer ver una flor que anda o un rebaño de ovejas atravesando el arco iris, y el que quiera negarme este derecho o limitar el campo de mis visiones debe ser considerado un simple inepto.
El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la Naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos eléctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos, y todo ese mundo estalla en fantasmas inesperados.
El valor del lenguaje de la poesía está en razón directa de su alejamiento del lenguaje que se habla. Esto es lo que el vulgo no puede comprender porque no quiere aceptar que el poeta trate de expresar sólo lo inexpresable. Lo otro queda para los vecinos de la ciudad. El lector corriente no se da cuenta de que el mundo rebasa fuera del valor de las palabras, que queda siempre un más allá de la vista humana, un campo inmenso lejos de las fórmulas del tráfico diario.
La Poesía es un desafío a la Razón, el único desafío que la razón puede aceptar, pues una crea su realidad en el mundo que ES y la otra en el que ESTÁ SIENDO.
La Poesía está antes del principio del hombre y después del fin del hombre. Ella es el lenguaje del Paraíso y el lenguaje del Juicio Final, ella ordeña las ubres de la eternidad, ella es intangible como el tabú del cielo.
La Poesía es el lenguaje de la Creación. Por eso sólo los que llevan el recuerdo de aquel tiempo, sólo los que no han olvidado los vagidos del parto universal ni los acentos del mundo en su formación, son poetas. Las células del poeta están amasadas en el primer dolor y guardan el ritmo del primer espasmo. En la garganta del poeta el universo busca su voz, una voz inmortal.
El poeta representa el drama angustioso que se realiza entre el mundo y el cerebro humano, entre el mundo y su representación. El que no haya sentido el drama que se juega entre la cosa y la palabra, no podrá comprenderme.
El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables. Hace darse la mano a vocablos enemigos desde el principio del mundo, los agrupa y los obliga a marchar en su rebaño por rebeldes que sean, descubre las alusiones más misteriosas del verbo y las condensa en un plano superior, las entreteje en su discurso, en donde lo arbitrario pasa a tomar un rol encantatorio. Allí todo cobra nueva fuerza y así puede penetrar en la carne y dar fiebre al alma. Allí coge ese temblor ardiente de la palabra interna que abre el cerebro del lector y le da alas y lo transporta a un plano superior, lo eleva de rango. Entonces se apoderan del alma la fascinación misteriosa y la tremenda majestad.
Las palabras tienen un genio recóndito, un pasado mágico que sólo el poeta sabe descubrir, porque él siempre vuelve a la fuente.
El lenguaje se convierte en un ceremonial de conjuro y se presenta en la luminosidad de su desnudez inicial ajena a todo vestuario convencional fijado de antemano.
Toda poesía válida tiende al último límite de la imaginación. Y no sólo de la imaginación, sino del espíritu mismo, porque la poesía no es otra cosa que el último horizonte, que es, a su vez, la arista en donde los extremos se tocan, en donde no hay contradicción ni duda. Al llegar a ese lindero final el encadenamiento habitual de los fenómenos rompe su lógica, y al otro lado, en donde empiezan las tierras del poeta, la cadena se rehace en una lógica nueva.
El poeta os tiende la mano para conduciros más allá del último horizonte, más arriba de la punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de lo verdadero y lo falso, más allá de la vida y de la muerte, más allá del espacio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia.
Allí ha plantado el árbol de sus ojos y desde allí contempla el mundo, desde allí os habla y os descubre los secretos del mundo.
Hay en su garganta un incendio inextinguible.
Hay además ese balanceo de mar entre dos estrellas.
Y hay ese Fiat Lux que lleva clavado en su lengua.
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17 diciembre 2005
La Política según Chantal Mouffe
Por Alberto Urzúa Toledo.
En el Congreso Estudiantil de Derecho y Teoría Constitucional, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, realizado entre los días 10 y 13 de Agosto de 2005 en el Centro de Convenciones Diego Portales, expuso en la inauguración Chantal Mouffe, University of Westminster (Inglaterra), en el plenario titulado “Democracia Liberal: dificultades y perspectivas”.

Mouffe considera que la política es la dimensión de hostilidad de la sociedad humana y que, por lo tanto, lo propiamente político es la discordia. Utilizando las categorías de Carl Schmitt, la profesora Mouffe observa la política como el desenvolvimiento de un eterno conflicto entre posiciones antagónicas, es decir, el mundo se divide entre amigos y enemigos. Debido a esta distinción siempre está en cuestionamiento la identidad del enemigo y su existencia.
Al respecto, parafraseando a Hobbes, podríamos decir que la naturaleza de la política es la condición de guerra, o sea la permanente disposición al enfrentamiento, con el deseo de subsumir al otro a los dictados de la razón y juicio particular de tal manera que deje de convertirse en una amenaza y, a la vez, se acreciente el poder individual gracias a la situación de victoria, en donde el ganador adquiere la investidura del autor y el perdedor la del actor. En el capítulo XVI del Leviatán, titulado “De las personas, autores y cosas personificadas”, Hobbes dice al respecto:
“las palabras y acciones de algunas personas artificiales son propiedad de aquellos a quienes representan. Y entonces la persona es el actor, y el propietario de sus palabras y acciones es el AUTOR.”
Así definida esta distinción, y encajada del modo en que lo he hecho (no es mi intención confundir a Hobbes como sociólogo, pues más bien su interés en ese capítulo era jurídico, ya su objeto era aclarar el lenguaje de los contratos) podríamos rememorar la sospecha de Karl Marx expuesta en su concepto de ideología, la que considera que todas las representaciones humanas no son un producto psicológico libre sino que más bien recrean el interés de clase de la burguesía (de la clase dominante, del conjunto de los autores) que desea mantener la base material que a ellos beneficia ajena a los sobresaltos y revueltas que existirían si quienes sufren la injusticia de la enajenación de su trabajo no tuvieran una falsa conciencia que les impide darse cuenta de su sometimiento .
La amenaza o peligro de conservarse la condición política descrita por la profesora Mouffe, y que hemos asemejado a Hobbes, sería la aparición y defensa de valores morales innegociables producto de identidades esencialistas. Por tal motivo, propone ella un modelo de “pluralismo agónico” capaz de “domesticar la hostilidad y movilizarla hacia dimensiones democráticas”, para esto propone redefinir la política como una confrontación entre adversarios (como los hay en los juegos de mesa, quienes están sometidos a normas positivas e iguales impuestas por un tercero imparcial), con el objeto de alcanzar un “reconocimiento y legitimidad del conflicto”, o sea “expresar el conflicto en un contexto democrático pluralista”.
Asimismo, la solución hobbesiana supera la condición de guerra a partir de las garantías que se ofrecen por medio de los contratos (que supone la existencia de un tercero, un poder común), en otras palabras, se aseguran las expectativas normativas entre las partes, como por ejemplo lo podría hacer el Sistema Jurídico en el caso de la profesora Mouffe. Tanto Hobbes como Mouffe, compartirían que “el efecto para un hombre de la falta de derecho de otro hombre no es sino la equivalente disminución de impedimentos para el uso de su propia derecho original”. Por lo tanto, el derecho viene a salvaguardar los derechos de las partes y pone los límites dentro de los cuales se podrán desenvolver y las sanciones a quienes los violen. De lo que se trata finalmente es de asegurar la vida de los participantes y que gocen de su derecho de pensar conforme a su razón y a su juicio, y a la vez, que por medio de un juez que tiene la capacidad de hacer cumplir lo convenido, y que es reconocido como válido y legítimo por las partes, que asegura que nadie está en libertad de hacer lo que le plazca según su propio juicio, sino que hay reglas que restringen la acción.
22:45 Anotado en Derecho | Permalink | Comentarios (2) | Email esto | Tags: DIFER@NCIA
Cuando yo me haya muerto (por Vicente Huidobro)

Habrá presentimientos en las cosas
Y en la muda quietud de los objetos,
Me vendrán obsesiones intensas, dolorosas,
Y sentiré unas ansias de contar mis secretos.
Arañaré las sábanas en rudas crispaciones,
La nariz afilada tomará albor de lino,
A todos los presentes les pediré perdones
Y sentiré sollozos en el cuarto vecino.
.. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. .. ..
Mi alma se quedará mirando el cuerpo inerte
Como quien mira un traje que recién se ha quitado,
Y por una ventana se escapará la muerte
Sin ruido y yo velando me quedaré a mi lado.
Veré cómo mi cuerpo se enfría poco a poco
Veré cómo me ponen un traje negro y grave,
Un Cristo entre las manos, acaso el que coloco
Sobre mi velador, el de mirada suave.
Me cruzarán las manos ya frías sobre el pecho,
Me enjugarán el último sudor de muerte helado,
La huella de mi cuerpo se quedará en el lecho,
Que guardará mis penas postreras apiadado.
Me pondrán en la caja y en la capilla ardiente
Donde lloran las velas y hay olor a alcanfor,
Y veré cómo entra, reza y sale la gente...
Acaso de los míos besar querré el dolor.
Después vendrá el entierro, me sacarán de casa
Para jamás volver, aunque mi amor lo quiera;
Alguien habrá que al ataúd se abraza
Y la quitan por fuerza y la arrastran afuera.
Mi espíritu irá siempre detrás de los que he amado
¡Qué horrible si yo quiero besarlos y no puedo!
¡Qué horrible ir viendo cómo de mí se han olvidado
Y sólo me recuerdan cuando me tienen miedo!
Y luego los sobrinos: "El ánima del tío".
Y arrancarán veloces en las noches obscuras...
Allá en el cementerio yo temblaré de frío
Y la luna de otoño me envolverá en blancuras.
Se sentirán mis pasos en las piesas desiertas
Y se sentirán golpes, suspiros, raspaduras.
¡Qué susto pasar frente a las ventanas abiertas
Que se quedan a veces en las piezas obscuras!
Creerán ver mi cara detrás de los cristales
Y pasarán corriendo o mirando de reojo;
Verán en todas partes mis huellas, mis señales.
¡Qué gritos tan horribles cuando suene un cerrojo!
¡Cómo se arroparán los niños la cabeza
Por no verme parado a los pies de la cama,
Y mi espíritu cómo llorará de tristeza
Al contemplarse huérfano de los seres que ama!
Tal vez alguna vieja sirvienta visionaria
Contará haberme visto cruzar los corredores,
Me pintará de alguna manera extraordinaria
Envuelto en una especie de flotantes vapores.
Y después, cuando mueran los seres más queridos
Al lado de la Muerte los estaré aguardando,
Y qué goce tan grande cuando otra vez unidos
En los hondos misterios yo los vaya iniciando.
Vendrá una noche en que alguien llorosa y ya cansada,
La única persona que no olvide jamás,
Pregunte por mí al aire quejosa y desolada
Y acaso habrá algún cuervo que grazne: ¡Nunca más!
(Publicado en "La Gruta del Silencio" del mismo autor.)
16:20 Anotado en Poesía | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: poesia y muerte, cuando, yo, me, haya, muerto, vicente, huidobro, pagodas
Teoría de la sociedad latinoamericana contemporánea: las teorías culturalistas o veteroeuropeas v/s las nuevas premisas epistemológicas de Luhmann, Habermas y Derrida.
Por Alberto Urzúa Toledo.
La tradición logocéntrica, en la Filosofía, ha sido nítidamente expuesta por la teoría del conocimiento. Realidad, verdad y conciencia son las principales categorías desde las que se puede dar cuenta del problema que intenta resolver ¿qué es la realidad, cómo se llega a la verdad y cuál es la tarea de la conciencia allí?
La realidad, entonces, es definida en un sentido ontológico, es decir, las cosas existen por sí mismas con independencia de los sujetos. En consecuencia, la verdad será absoluta, será siempre una y la misma cosa, aquí y en cualquier otro lugar del mundo. En un contexto así, de realidad ontológica y de verdad absoluta, la conciencia es distanciada de la realidad, es puesta en una relación de sujeto/objeto, donde el sujeto a través de su inteligencia trata de captar el acontecimiento exterior y reproducirlo en su interior, en su conciencia, tal y como es, tal y como sucedió de forma exacta[1]. Si tratamos de interpretar este esquema, ya no con un horizonte de conocimiento, sino con la intención ahora de incorporar el comportamiento, en última instancia, interpretarlo sociológicamente desde la teoría veteroeuropea, o sea, a partir de las nociones de la teoría clásica, pudiésemos decir que: la esencia de las cosas está recopilada en la moral y emana de ella, y no sólo eso, la moral tiene vida independiente a la de los individuos, aunque la de éstos es perecedera y la de la moral es inmortal[2]; la versión de la verdad absoluta está fijada en la cultura (o moral), ésta define lo que es bueno y lo que es malo, lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer, lo que se puede pensar y lo que no, lo que se puede sentir y no sentir, dicho de otro modo, la cultura discierne entre las conductas anormales, desviadas o excepcionales y las conductas legítimas, deseadas o válidas, diferencia entre la locura y el buen sentido; entonces si quien conoce aspira a la plena identidad entre realidad y conciencia, la socialización o la educación[3] será el mecanismo que hará “madurar” al niño, y si eso no resulta, el segundo mecanismo será el control social, será vigilar y castigar cualquier distorsión que se note en el comportamiento de un individuo, que se concibe como una representación de la manera de ser impuesta culturalmente, será devuelta a la senda correcta, al modo deseado de hacer las cosas, porque finalmente si la realidad es una y la misma para todos y por eso la única válida, lo que habrá será una conciencia colectiva, cada nombre propio volteará y responderá a cualquier nombre dicho por así decirlo (integración social). ¿Qué tiene que ver esto con la afirmación de que una teoría de la sociedad latinoamericana contemporánea debe ser una teoría de la diferenciación? Luhmann diría que si la teoría del conocimiento aquí expuesta ha sido la fuente de los obstáculos epistemológicos de la teoría social, podemos decir en el caso latinoamericano que las teorías culturalistas han impedido dar una explicación de por qué somos como somos en América Latina, cómo se gesta el orden social y qué está a la base de todo esto. Las respuestas a tales preguntas, de adelante hacia atrás, han sido: medios de comunicación simbólicamente generalizados, cadenas de selección de alta fragilidad se probabilizan y al seleccionar el valor positivo del medio en cuestión se motiva la aceptación de un elemento que probabiliza una determinada cadena de selección en relación al medio, en última instancia un logro evolutivo. En cambio, las teorías culturalistas concluyen que somos como somos porque existe una norma[4], un patrón, ciertos valores que nos constriñen a actuar de una determinada manera, esta afirmación, dicen, se sigue de la siguiente premisa que hace el parangón con el Derecho, así como el Código es un conjunto de leyes, la moral es un conjunto de modos de ser, así como la Constitución es fuente de legitimidad, la moral reúne lo socialmente deseado, así como las leyes obligan, la moral determina, por tanto, diría la hipótesis culturalista, por eso somos así. ¿Y por qué es preferible la teoría de Luhmann, Habermas o Derrida sobre la teoría culturalista? ¿En qué falla la propuesta que centra su interpretación en el concepto de cultura? o ¿Cuál es la diferencia entre la explicación tradicional y las alternativas teóricas de Niklas, Jürgen y Jacques? Lo que hay en común entre estos 3 autores es que no hay ninguna necesidad de que las cosas sean como son y no sean de otra manera. Luhmann cree en la doble contingencia, Habermas cree en las pretensiones de validez y Derrida cree en la iterabilidad. Ahora bien, Habermas abandona el grupo, cuando los otros dos precisan que no sólo puede ser la realidad o el Ser, de otra manera, sino que puede ser cualquier cosa. ¿Por qué se aleja Habermas? Porque para él, en nuestro caso, una teoría de la sociedad latinoamericana contemporánea no puede autoexcluirse como fuente de normatividad, o sea, hay valores, hay principios que están imbricados en la teoría, de tal modo que la teoría está hecha en función de ellos, por ejemplo, si queremos perpetuar la paz y aniquilar el engaño a la opinión pública, fomentaremos una acción racional orientada al entendimiento, idearemos la manera de incentivar el acuerdo, incluso alertaremos del ocaso de aquello que es propio del hombre (el lenguaje) al diagnosticar la colonización del mundo de la vida por el sistema económico y político que ahorra y desecha comunicación. ¿Y cuál es la postura entonces de Luhmann y Derrida respecto a la teoría como fuente de normatividad? Ninguna, podríamos decir apuradamente, para ellos no es tema, no es preocupación, son indiferentes. ¿Por qué? Porque sus teorías están fundadas en cimientos que impiden o soslayan la incorporación de elementos normativos, debido a que surgirían contradicciones al interior de sus teorías. Por un lado Luhmann parte de la doble contingencia y, por otro lado, Derrida dice el mundo es iterable. La doble contingencia, es una situación que describe la contingencia de alter y ego, por eso se dice que duplica la estructura de selección, ya que alter y ego, cada uno, tiene el potencial de selección y de negación, de negar negaciones y de reconstruir otras posibilidades, o sea, cualquier cosa puede pasar y no hay necesidad, no hay determinismo, no hay legalidad, incluso lo que suceda, puede ser negado y reemplazado por cualquier otra posibilidad, de un momento a otro entre alter y ego habrá una experiencia significativamente organizada que favorecerá la emergencia de ciertas constelaciones, de ciertos medios de comunicación simbólicamente generalizados. Ahora, respecto a la iterabilidad, lo que se está queriendo decir es que no existen significantes absolutos ni inalterables, no hay esencias, están vacíos y se llenan a partir del choque con otros significantes hasta lograr cierta condensación que ciertamente dejará diferencias de lado que en algún momento u otro se incorporarán al significante por medio de la disolución de esa “acepción de la palabra”, porque el desplazamiento, el choque de significantes es perpetuo, o sea, cualquier normatividad en el discurso deja fuera otros principios, normas o valores, ya que ningún significante puede abarcar todas las diferencias, y en un contexto de choque, lo más probable es que cambie y tome otro contenido esa aparente necesariedad. Si somos contingencia, si las pretensiones de validez son susceptibles de ser criticadas y si las representaciones no son necesarias, cada una de estas propuestas negarán que una teoría de la sociedad latinoamericana contemporánea deba partir de la idea de sujeto histórico. Cuando decimos sujeto histórico, estamos queriendo decir que estamos aquí para algo, para restaurar una cierta naturaleza humana que ha sido enajenada, y esa naturaleza le ha sido quitada a algunos por obra de otros, por eso en nombre de la Humanidad se identifica con claridad a quienes cometen actos inhumanos. La historia, entonces, es concebida como destino que restituirá la opresión por la un período final, inmutable y feliz, y el proletariado, mientras sea sujeto (dominado, oprimido) está llamado a liderar la transformación que venga a reestablecer las cosas como deben ser por medio de la Revolución. ¿Qué hay en la idea de sujeto histórico que le provoque arcadas a Luhmann, Habermas y Derrida? En el caso de Luhmann, la situación de doble contingencia es anulada por una especie de ADN político que configura al individuo a actuar por necesidad, a seguir ciertos pasos para conseguir el objetivo único de toda una vida, la emancipación. Además, se subestima el fortalecimiento evolutivo de los medios de comunicación simbólicamente generalizados a partir de la idea de Revolución, de la noción de cambio social de un día para otro. Siglos y siglos de evolución, años y años de aceptación del valor positivo que motiva el uso del medio simbólico y que le ha permitido al sistema reforzarse, o sea, hacer que lo que era altamente improbable que sucediera como sucedió, sea altamente probable que se mantenga en el tiempo. En el caso de Habermas, no hay nada en que haya que entenderse, no hay por qué ponerse de acuerdo, hay convicción, no pretensiones, de que las cosas se explican de un solo modo, porque el materialismo histórico es una ciencia que lo ha demostrado y que predice también las etapas siguientes de la historia, por lo tanto, acción racional está orientada a fines, a influir en el “interlocutor”, para ello habrá un plan de acción que una vez ejecutado se evaluará, en términos de su eficacia, hasta que ya finalizado, se pueda discutir si el plan fue o no fue exitoso. En el caso de Derrida, la idea de sujeto histórico es un esfuerzo obstinado de mantener el conjunto de significantes con un mismo contenido esencial a lo largo de la historia, de hacer caso omiso de las diferencias.
NOTAS AL PIE:
[1] Si para Kant la realidad es fenoménica, y para los sociólogos Peter Berger y Thomas Luckmann lo que hay es “construcción social de la realidad”, Durkheim opinará que ambos deliran, los dos son “[...] víctimas de una ilusión que nos hace creer que hemos elaborado por nosotros mismos lo que se nos impone desde fuera” (Durkheim, Emile, Las Reglas del Método Sociológico, editorial AKAL, p.38)
[2] “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.” (Marx, Karl, “El 18 de Brumario de Luis Bonaparte”, en Archivos de Autores Marxistas, http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/brumaire/brum1.... [Diciembre 2005])
[3] “Esta presión de todos los momentos que sufre el niño es la presión misma del medio social que tiende a moldearlo a su imagen y del cual los padres y los maestros no son más que los representantes y los intermediarios” (Durkheim, Emile, Las Reglas del Método Sociológico, editorial AKAL, p.39)
[4] “Es un estado del grupo [o sea, somos como somos] que se repite [a lo largo de la historia] en los individuos [configurando nuestra identidad] porque se les impone [debido a normas, a obligaciones]” (Durkheim; Las Reglas del Método Sociológico, p.41).
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